" No me habeis escogido vosotros a Mi. Soy yo quien os he escogido y os he puesto para que vayais y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. " (San Juan 15,16) .
LLAMADOS A VIVIR LA CERCANIA DEL REINO DE DIOS:
UNA HISTORIA QUE EMPIEZA EN PENTECOSTÉS.

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La Iglesia tiene una historia, que empieza en la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, ocurrida en el quincuagésimo día desde la celebración de la Pascua de Resurrección, y había marcado el inicio de la misión evangelizadora.
El Pentecostés, día del nacimiento de la iglesia, es el momento en el que el verdadero significado de la Cruz y de la Resurrección de Cristo se hace manifiesto, y una nueva humanidad retorna a la comunión con Dios.
La fiesta de la Alianza del Sinaí, que celebra en el mundo hebreo la entrega de la Ley, se convirtió con el cristianismo en la fiesta de la donación de las lenguas, porque a través de ellas cada pueblo o nación puede recibir el anuncio y retornar a la primitiva unidad que se quebró en Babel. Desde aquel día la Iglesia tomó conciencia de la Nueva Pascua según cuanto había predicho el Cristo:" El consolador, El Espíritu Santo que el Padre mandará en mi nombre, él os enseñará cada cosa y os recordará todo lo que yo os he dicho."
Es la herencia de la tradición primitiva de la Iglesia en la que los cincuenta días sucesivos a la Pascua constituían una sola fiesta: todos los días de esta cincuentena eran celebrados con gran júbilo, porque formaban un único día de fiesta, que tenía "la misma importancia del domingo". Y, como en el domingo, el día del Señor Resucitado, se celebra el misterio de la Resurrección con toda solemnidad, en la que no se hace penitencia, no se reza de rodillas y se debe uno librar de todo afán, así era durante toda la cincuentena.
En la segunda mitad del siglo IV, la celebración indiferenciada del misterio pascual sufrió un proceso de transformación, que llevó a la evocación, en orden cronológico, de los eventos de la salvación, según la narración de los Hechos de los Apóstoles. En aquella época, como se deduce también del relato de Egeria, en Jerusalén, el último domingo de la Cincuentena se celebra tanto el envío del Espíritu Santo sobre los Apóstoles como la Ascensión, mientras que en otras Iglesias se iba estableciendo la conmemoración de la Ascensión en el cuadragésimo día después de Pascua y en el quincuagésimo el Pentecostés en recuerdo del descenso del Espíritu.

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